Porqueroles es la única isla habitada de las Hyères, y nuestro próximo destino. Exhaustos de la travesía ventosa enfilamos al puerto de Porqueroles. Después de varios intentos de hablar con capitanía por VHF, no entienden mi fluido ingles mezcla de klingon y lenguas muertas. A través de la emisora oímos risas y ante su desprecio, decidimos entrar, abarloarnos a la gasolinera y preguntar. Nos dan un amarre y el viento sigue soplando como si no hubiera un mañana.

La isla es pequeñita y solo tiene el pueblo con un pequeño puerto, una fortaleza viejuna y una pintoresca callejuela de comercios muy agradable pues la vegetación la inunda de verde. Nos gusta este pueblo. Hora de comer. Hoy toca atún a la plancha acompañado de un buen vino blanco Cel de Prades. Como el viento arrecia y no podemos salir hacia Córcega, decidimos pasar otro día en la isla y hacer una excursión en el coche de San Fernando, un rato a pié y otro andando, total nos pateamos 17 km a través de montañas, viñas, «Cami de ronda» y bonitas playas de un azul caribeño.

Ya de vuelta en el pueblo nos espera una terracita con vistas para regalarnos con unas cervezas bien frías. Como recompensa a tan homérica caminata cenaremos atún marinado y mañana será otro dia.



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