Día 42: Ya estamos bajo el volcán, en un fondeo muy tranquilo delante de una playa de arena negra. La tranquilidad no iba a durar mucho. Desde la orilla nos dicen que no podemos estar allí y que si no nos vamos avisan a la guardia costera. Por supuesto, salimos por piernas para no perder la costumbre de huir de la justicia. Fondeamos delante del pueblo, que la tarde anterior no cabía un alfiler, pero ahora estaba casi vacío. Una vez asegurado el fondeo toca la obligada visita al pueblo, que es el único en toda la isla. Todo el está formado por casitas blancas encaladas en forma de cubo unas sobre otras, que le dan el toque de pueblo mediterráneo.

Por la tarde contratamos una excursión para subir al volcán con un guía. Cena y a dormir, que mañana hay que estar en forma y no podemos hacer el ridículo resoplando como búfalos extenuados, mientras el grupo sube alegremente a paso ligero, haciendo chascarrillos de los dos jubiletas españoles que deberían haber contratado una sesión de Aquagim en vez de semejante treking.

Día 43: Ayer, antes de la cena recibimos la llamada de María y Nico que sorprendentemente nos hacen la propuesta de venir unos días al Yamuna, pues las islas Eolias siempre han sido para ellos un destino soñado, y ahora veían la oportunidad de formar parte de la tripulación de tan afamado velero, bajo las ordenes de su temerario capitán. Por supuesto aceptamos la propuesta y cambio de planes. Ellos llegaran el sábado a Milazzo y hemos de estar en puerto para recogerlos. Nos acercamos al pueblo y anulamos la excursión, pues ya la haremos con María y Nico.

Los siguientes días los pasamos bajando a Milazzo ( Sicilia), parando en Panarea ( isla de famosos, muy bonita por cierto) y en Vulcano, fondeando delante del volcán en una cala preciosa y casi vacía. Relax absoluto y una mención para Poncio (el piloto) que sigue nuestras precisas ordenes sin rechistar.



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