Día 33: Salimos de Ventotene hacia Ischia y Procida. Son dos islas que cierran el golfo de Nápoles por el oeste y queremos establecer nuestra base para desplazarnos en ferry a la ciudad. La travesía es muy tranquila, tanto que nos da pie a probar la Go-pro por debajo del barco, hacernos la manicura, depilarnos la espalda, las ingles, dejar nuestra mirada perdida en el horizonte infinito, y de repente….. ¡Un delfín solitario!. A parte de esto, poco más que contar.
A nuestra llegada a Ischia fondeamos debajo de un imponente castillo construido en una roca, y debido a las 5.000 embarcaciones que se mueven por el golfo produciendo un continuo oleaje, decidimos movernos a un lugar más protegido para pasar la noche. Al otro lado del castillo. Como no hay gran cosa que hacer hemos bautizado los remos de la dingui como Rómulo el de babor y Remo el de estribor, y como el piloto automático nos esta llevando de maravilla también le hemos bautizado como Poncio ( el Piloto). Ischia se parece a Albacete. Caga y vete.

Día 34: Llegamos a Procida, a una hora y media de Ischia. Nuestra intención es dejar el barco en puerto ya que hemos planeado tres días de visita en Nápoles donde despediremos con honores a nuestro oficial de primera ( ascendido por sus méritos) para que vuelva a sus emocionantes rutinas.

Estamos en un extraño puerto formado por un espigón paralelo a la costa que nos protege del mar, delante del pueblo. Ese es nuestro amarre, ni luz ni agua, ni duchas, y carísimo. Se nota que estamos ya en la civilización. Aun así el pueblo es de un colorido espectacular y lo más aproximado a los tópicos que esperas encontrar en Nápoles. Motillos pitando por todos lados, calles estrechas con ropa colgada y mucho colorido y vocerío. Mañana Pompeya nos espera ( tierra trágame)


Deja una respuesta