Dia 25: Partimos de Portoferraio con destino Giglio. El viento no nos ayuda y tiramos millas a motor hasta doblar el cabo mas al este de la isla. Tan solo poner rumbo sur, nos entra un viento de popa cerrada que nos acompaña en toda la tavesía haciendo la navegación muy agradable pues las olas nos acompañan también. Después de la experiencia del puerto de Portoferraio, puerto bonito pero muy ruidoso con la calle principal muy transitada y justo enfrente de los amarres , decidimos ir a una cala buscando la calma. Mirando la carta, localizamos una cala que promete y esta al lado del pueblo. Hacia allí nos dirigimos pues según la previsión parecía muy protegida del viento que empezaba a subir. ¿Parecía fácil no? ¡¡Pues NOOO!!

Tiramos 30 m. de cadena y el viento ya sopla en la jarcia con ese silbido inquietante. Además hay algunas nubes de tormenta. Viendo el panorama, decido tirar 30 m. más por precaución. En ese momento, como la cadena está tirando tanto, la rueda del molinete, donde se engarza la cadena, empieza a patinar y no se me ocurre nada mejor que coger la cadena con la mano para ayudarlo. Al momento, el maldito aparato empieza a rodar recogiendo la cadena que sujetaba con mi mano. AAARRRGGG!!
No se si por inspiración, adrenalina o puta suerte, logro parar el motor quedando mi dedo meñique atrapado entre la cadena y el barbotén ( rueda dentada o corona con muescas del molinete del ancla). Consigo sacarlo bastante magullado pero por suerte nada grave.
Podría haber sido mucho peor: El capitán, con sus torpes maniobras, pierde el dedo meñique y el anular mientras se desangra entre alaridos de dolor. Mientras su tripulación, móvil en mano, algoritmo por aquí, algoritmo por allá, son ajenos al drama que se está produciendo en cubierta. Dos horas mas tarde, hechando en falta al aguerrido capitán, lo encuentran en cubierta bañado en un gran charco de sangre mientras las gaviotas picotean las cuencas de sus ojos desorbitados.


Bueno, ya pasó el susto y viendo que la cosa va a peor, decidimos ir a resguardarnos en puerto. ¡¡Otra vez!! Giglio tiene un puerto muy pequeño con un precio muy grande. Además, sin duchas ni lavabos. El pueblo es bonito con sus casas de colores pero mínimo al igual que la isla que es 3 veces más pequeña que Formentera. La tarde la pasamos con una visita al pueblo, que como son 2 calles se hace en un pispas. Toca Aperol de rigor y para el barco. Sergio en su afán de comprar cosas compulsivamente, nos regala 2 tacitas para el desayuno y un llavero en forma de defensa de barco muy chulo. ¡¡Gracias Sergio!! mañana será otro día.



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