Queridos followers, posiblemente a través de nuestros relatos ilustrados percibís la sensación de aventura, sitios increíbles, pueblos con encanto, y una vida laxa y despreocupada. Dejarse llevar donde el viento te lleve.

Ahora os contaré la cruda realidad. Cosas negativas con las que lidiar cada día:
1- El calor del medio día en Julio y Agosto. Bajo un sol ardiente y cruel que promete quemarte toda la piel, hay que buscar el pequeño espacio de sombra y cuando lo encuentras, alehop !!! el barco bornea, cambia de dirección, y vuelta a empezar.
2- Las avispas en los fondeos. Avispas invasoras que te acechan peligrosamente, siempre buscando al capitán.El interfecto comienza a hacer aspavientos y saltos cuan Paulova epiléptica perdiendo toda su digidad. Por ahora no me ha picado ninguna, pero se les ve toda la intención, a las muy avispadas.
3- La higiene es otro tema. Las duchas son escasas, sobre todo aquí en Grecia, pues en los fondeos el agua no nos sobra, y en los puertos normalmente no hay duchas. Nos pasamos todo el día impregnados de sal marina como una mojama en salazón.
4- El wc. En el Yamuna es un espacio mínimo y las dimensiones de la taza no admiten culos generosos. Por suerte no es nuestro problema, nuestra esbelta figura se adapta perfectamente.
5- La meteo. Consultar la meteorología es fundamental. Cada día dependes de los vientos oleaje y posibles tormentas, y según el parte tus planes se pueden ir a tomar por ……
6- Los fondeos. Llegas al fondeo, buscas un buen lugar entre los barcos, que no molestes ni a unos ni a otros. Tira el ancla, suelta metros de cadena, ponte pies de pato y gafas y sumérgete para ver si ha agarrado bien al fondo. Operación finalizada. Pero no todo acaba aquí. ahora empieza una calma tensa mientras miras fijamente la cadena para ver si tira. Si ves que ha tensado te tranquilizas, pero aun así no te acabas de fiar, pues hemos tenido algunos garreos con todo comprobado. Ultimamente estamos conectando una alarma antigarreo que cuando se dispara, a veces sin razón alguna, produce unos bocinazos dignos de un ataque aereo, provocando el pánico de la tripulación propia y extraña, que corre por cubierta como pollo sin cabeza esperando ordenes del capitán.
Bueno, alguna cosa me habré dejado, pero haciendo balance, merece la pena, pues los buenos momentos son inolvidables, y si no que se lo pregunten a Sergio.


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