Ya han pasado varios dias desde el último post y tenemos nuevas historias que contar pues supongo que estaréis ávidos de noticias de las aventuras y desventuras del Yamuna y su aguerrida tripulación. Tras la vuelta de Nafplio y la degustación de la lubina salvaje, nos dimos un descanso en Porto Heli para preparar nuestra siguiente singladura hacia Monemvasia, a 40 millas al sur de Porto Heli. El parte anunciaba vientos de entre 15 y 20 nudos y ola de 2 m. pero con un viento de través que nos llevaría directos a nuestro destino.La previsión no defraudo y se supero con creces pues los vientos no bajaron de los 25 nudos y olas de dos, tres y algunas de cuatro metros. Ante la dureza de los elementos, Poncio (el piloto) nos levaba haciendo eses por lo que fue relegado por el capitán del navío que se chupo 4 horas a la rueda subiendo y bajando olas, una de las cuales, entro por la amura de babor, pasando por encima del oficial de 1ª Sergio, llenando la bañera de agua. Sergio, completamente mojado entra en el camarote para cambiarse y a los pocos minutos de salir a cubierta le entra la primera arcada.
¡Rápido Sergio, a potar por sotavento! El oficial acaba sacando las tripas, el bazo y medio riñón en modo aspersión, dando una imagen lamentable ante el resto de la tripulación. La Almiranta, como ya había pasado alguna de estas, supero la prueba con notable. Total, en 7 horas en modo batidora llegamos a nuestro destino. Monemvasia, con puerto público gratis pero sin agua ni luz.El pueblo no defrauda en absoluto y el peñón con su pueblo medieval amurallado es una autentica pasada.

Hasta allí también se desplazaron el resto del grupo (Ana, Antonio, LLuis y Angels) que viajaba en coche y que habían alquilado un apartamento en la parte antigua para coincidir con nosotros durante 2 dias. Monemvasia es como esos pueblos del Belen que compras en el mercadillo de Santa Lucía y que colocas sobre unos corchos simulando montañas con sus figuritas y su rio de papel de plata. Realmente pintoresco, pero no todo puede ser idílico pues a la vez es mega turístico.


Nuestra idea, después de la estancia en Monemvasia, era subir tranquilamente por la costa hacia Porto Heli, haciendo varias paradas y la primera prometía mucho. Gerakas. Un muy pequeño pueblo con un pantalán para 5 barcos, dentro de una ría que entra hacia tierra varias millas protegiéndote de todos los vientos. Allí nos esperaban los desplazados en coche para comer y el Yamuna con su tripulación, descansaría hasta el día siguiente en este lugar idílico.



Tras una estupenda comida en la taberna griega de turno que no fue difícil la elección pues solo había dos, el grupo se dividio y los viajeros del coche partieron hacia Porto Heli mientras nosotros nos regalamos con una siesta reparadora. pero la cosa iba a cambiar. El capitan, siempre atento a los partes, se da cuenta que si salíamos al día siguiente, nos comíamos un marrón de travesía con lluvia y viento de proa, por lo que hubo que tomar decisiones drásticas que no gustaron a algún miembro de la tripulación. Como el tiempo es el que manda, salimos por piernas a las 7 pm de travesía nocturna. El viento y mar estaban a nuestro favor, y llegamos a Porto Heli sobre las dos de la madrugada con una luna casi llena que hizo la navegada y el fondeo mas agradable.
Nos esperaban dos días de lluvias y poco que hacer, descubrir, ver o contar hasta el próximo capítulo.


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