Los viejos y el mar

Un viaje sin prisa por el mediterraneo


El Yamuna se tira al monte

Dia 154 de navegación. Acabamos de llegar a Milos, la isla más al sur de las Cícladas. A las 16.30 h. tirábamos ancla en uno de los paisajes más asombrosos del largo viaje, tras 12 horas de travesía a toda vela. pero este lugar merece un capítulo aparte. En los días anteriores, como ya comentamos que el tiempo iba a ser muy perruno con lluvia, muy nublado y un Meltemi (viento del norte parecido a la Tramontana) dando por el saco e imposibilitando toda opción de navegar, decidimos dejar el Yamuna en puerto atado y bien atado y echarnos al monte junto con Antonio y Ana para recorrer el interior del Peloponeso en coche.

Partimos el jueves de Porto Geli en dirección Calavrita, típico pueblo de montaña al lado de unas pistas de sky alpino. Fueron tres horas y media de coche que te dejan las articulaciones como Rambo en su peor momento: ¡Dios mio, no siento las piernas!! ¡Dios mioo!! Una vez recuperados, hicimos la visita de rigor al pueblo con su plaza, su rotonda, sus tiendas de souvenirs y su fuente. Tocaba cenita en la casa que habíamos alquilado. Tostadas, Jamón y embutidos de España con un buen tinto, todo al calor del fuego, pues la rasca en alta montaña era considerable.

El día siguiente, Antonio, nuestro guía y organizador de tal espectacular viaje tierra adentro, nos condujo entre puertos de montaña con paisajes espectaculares hasta la Cueva de los Lagos. Esta cueva alberga 13 lagos naturales con una longitud de 1980 metros de los cuales solo se pueden visitar solo 500 m. Te adentras por unas pasarelas que te conducen hacia el interior, a través de un paisaje alucinante de formas orgánicas en pura roca que te llevan al universo de Alien, el 8º pasajero y la arquitectura de Gaudí.

Como íbamos bien de tiempo hasta llegar a Dimitsana, siguiente pueblo para pernoctar, nos acercamos al nacimiento de un río famoso por sus plátanos milenarios ( no los de Canarias, plátano arból ) y sus truchas. Agradable paseo por el bosque de plátanos , cervecita y vuelta a la carretera. No hubo tiempo de tastar las truchas pero en Dimitsana nos fuimos de restaurante recomendado pero de precio poco recomendable.

LLegar a la casa que habíamos alquilado fue toda una odisea, despues de mil vueltas, calles en contra dirección y llamadas a la dueña, superamos la prueba a la vez que nuestro guía perdió toda su credibilidad. Tocaba cena ligera y película. «El mago del kremlin» muy recomendable.

Sabado. Volvemos a Porto Geli con visita previa al monasterio de la garganta del Lusios. Una construcción en el lugar mas inverosimil entre rocas y acantilados. como llegaban a construir esa estructura en la roca, para mi es un enigma comparable al de las pirámides.

Ya en Porto Geli nos esperaba el Yamuna sin ningún rasguño despues de 3 días con vientos de 30 nudos en pleno puerto. ¡¡Eso es todo, amigos!!



4 respuestas a «El Yamuna se tira al monte»

  1. Que tranquilidad recibir noticias….creo que esta vez nos has tenido casi dos semanas en vilo. Pero lamento yerner que reafirmarme en mi convicción de que sois más felices en tierra que en el mar…..sugiero vender el Yamuna y comprar un finca de 1.000 hectáreas para pasar la segunda parte de vuestra jubilación….iremos encantados a visitaros y tomar percebes y caviar con vosotros y quizá alguna paella de Sergio. 👉

  2. 100% de acuerdo con Nacho.
    Los posts de tierra resuman una felicidad especial.
    Me adhiero a esa idea de la compra de una buena parcela si se quiere optar por el formato cooperativa o copropiedad o coloquesea.

  3. Si si , ya estoy más tranquila yo también.
    Qué maravilla de sitios , las cuevas , las rocas, los plataneros…. Cuanta belleza!!!
    Seguid contando que ya os queda poco!
    Os sigo queriendo!! 💙

  4. Avatar de Federico Cabrero
    Federico Cabrero

    Ya es Navidad en el Peloponeso! Todos vestidos como esquimales… la llar de foc… postales montañesas… Divertido contraste con respecto a las penúltimas imágenes de playas y costas caribeñas. No obstante, en vuestro periplo del interior peloponésico, he echado a faltar una visita a Esparta. Yo fuí en peregrinación a rendir homenaje como descendiente espiritual directo que soy de Leónidas y de sus 300. Por otro lado me sumo a las propuestas de Nap y Piera para que compréis una masía con huertos. Así podríamos ir invitados a comer calçots o paellas sin que se mueva la casa o todo el entorno, sin estrecheces y sin tener que ver a Sergio potando. Me embarcaría con vosotros solamente si cambiáis el Yamuna por el Topaz (o similar).
    Pues bueno, Maico, no seas gandul y vuelve pronto a escribir sobre las aventuras en Milos o las Cícladas. Ah! Y te recuerdo que los barcos no se «atan», se amarran. Todavía no entiendo como te di por aprobada esta asignatura.

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