Tras varios días sin actividad literaria debido a las últimos acontecimientos que todos conocéis, nos hemos visto desbordados por los cientos de mensajes de apoyo y preocupación por la salud del capitán. Parece que este hecho a obrado el milagro y su reblandecido cerebro se ha vuelto a activar. No esperéis grandes avances, pero como muestra, un botón con este relato de los días acontecidos desde su preocupante baja.
Dia xx (el capitán no recuerda números ni fechas) Estamos navegando de un través con rumbo a Nauplia. Ya se ha incorporado a la tripulación el oficial de primera Sergio y su peculiar dialogo con Siri, sometida a un constante interrogatorio. Siri, donde estoy? Siri que temperatura hace en…? Siri quien soy? Siri, Siri, Siri… Aparte de esto, sigue con su voraz apetito, por lo que hemos tenido que hacer obras para ampliar la despensa.
Ayer salimos de Kilada, pequeño pueblo de pescadores y gatos donde fuimos a ver la marina seca donde dejaremos el barco y en la que existe una cueva que se puede visitar y que fue un yacimiento prehistórico con vistas al golfo Argólico. Estuvo ocupada de forma casi ininterrumpida desde el Paleolítico Superior (hace unos 38.000 años) hasta el Neolítico Final (hacia el 3000 a. C.), convirtiéndose en uno de los asentamientos humanos más longevos del mundo. Total, que para allí nos fuimos de visita.

No nos lo pusieron fácil. La primera dificultad tras dejar la dingui en una mini playa, fue subir al sendero que te lleva a la cueva por una pared casi vertical. Como no llevábamos Granpons ni Piulets, el capitán ya recuperado y con asombrosa agilidad se logro encaramar a las alturas y con sus poderosos brazos pudo subir al resto de la tripulación.
Una vez en el sendero, la cosa no ha ido a mejor sino a peor (como diría M. Rajoy) y el camino hasta llegar a la cueva se a convertido en una auténtica prueba pedrestre, saltando de roca y roca emulando Kilian Journet con artrosis.
El día anterior, junto con los recién llegados, algunos de ellos sin conocimiento alguno de navegación, hicimos su el bautizo de viento navegando hacia una cala de Spetses para pasar el día. Ana y Angels, debidamente medicadas no presentaron signos de mareo, quizás algún signo de cansancio pero Antonio, conocido como el marido de Ana y Lluis volvieron entusiasmados como niño con juguete nuevo.



Por supuesto, en la cala no faltaron nuestras amigas las avispas y y probamos de ahuyentarlas quemando café molido en un cazo (gracias Gloria por el consejo) con escasos resultados pues el viento despejaba enseguida el humo mientras saboreábamos una lubina salvaje al grill. Brutal!!


En estos momentos volvemos de Nauplia, acabamos de ver una foca monje y en nuestra estancia en puerto público compartíamos ammarre con un pequeño yate, el Topaz, de Mansour bin Zayed Al Nahyan, Viceprimer ministro de los Emiratos Árabes Unidos y miembro de la familia real de Abu Dabi. Con una lonjitud de 147 m. Nada… unos muertos de hambre. Nuevos ricos queriendo aparentar ante la imponente presencia de nuestro navio.



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