Como comentamos en el anterior post, Milos merecía un capítulo aparte. Por qué Milos? Después de ver unas fotos de unos acantilados de piedra blanca espectaculares donde se podía fondear, decidimos que ese iba a ser nuestro próximo destino. Así que tras una travesía de 12 h. con buen viento, llegamos al fondeo prometido y realmente superó con creces nuestras espectativas.
Tiramos el ancla frente a una pared blanca con la luz del atardecer y como pronto iba a oscurecer, al día siguiente iríamos a investigar todos los rincones, recovecos y cuevas que se nos presentaban a babor y estribor de esta costa tan fantástica.

9 am. Bajamos la dingui y como el mar estaba plano como un espejo y el paisaje transmitía una calma, un silencio y una sensación de paz que no queríamos alterar, decidimos ir a remo para no estropear el momento.

El lugar es espectacular. Entras en una cueva y sales a una laguna de la que sales por otra cueva y apareces entre acantilados cortado a cuchillo de un blanco deslumbrante y todo reflejado en un mar entre azul y verde esmeralda de una transparencia inusitada. Después de 2 horas de expedición como espeleólogos de estar por casa y del baño de Sergio que ya viene a ser habitual en cualquier lugar en el que estamos con su correspondiente foto, atamos la dingui al Yamuna y nos dirigimos a Adamantas, pueblo costero mas inportante de la isla.

Menos mal que partimos pronto, pues de camino a nuestro próximo destino, nos cruzamos no con uno, ni dos, ni tres, sino con tropecientos barcos en rigurosa procesión, cargados de entusiasmados turistas, hacinados en las cubiertas donde algunos insensatos bailaban y saludaban con autentico frenesí mientras se dirigían al lugar donde acabábamos de estar.
12 am. Entramos en la gran bahía de Milos (donde se encontro la famosa Venus) que había sido el antiguo crater del volcan que formo la isla. Recorriendo la bahía hacia Adamantas, divisamos un pequeño pueblo de pescadores, en la misma costa y que parece un autentico decorado de cuento. Para nuestra sorpresa, podemos fondear al lado de algunas boyas con barcas de pescadores y el fondo da para tirar el ancla. Aquí van unas foticos.


Mini visita al mini pueblo y comemos en el único restaurante que hay. Sergio esta generoso y nos invita a un esplendido ágape para celebrar que es su santo. ¡¡Gracias Sergio!!

A las 16 h. fondeamos en Adamantas y la tripulación decide ir la pueblo (Plakas) que esta encaramado en una colina y que tiene muy buena pinta, abandonando la nave y a su capitán que está medio enfermo, a su suerte. Eso si, debidamente medicado. Vuelven de la excursión, encantados. Vemos las fotos de rigor, cena frugal en el barco y mañana nos vamos a Serifos, isla desde la que partiremos en nuestro camino de vuelta hacia Porto Geli.
Serifos ha sido una agradable sorpresa. El primer día fondeamos al atardecer en una cala con un pequeño pueblo al lado de una antigua mina de hierro. Calles de tierra, una gran playa, palmeras y construcciones que recordaban a un poblado Marroquí. Sergio hace su baño de rigor, foto y a disfrutar del atardecer que nos regala unas vistas con una luz, (dejadme que sea cursi) preciosa. Aquí va la prueba gráfica.



Al día siguiente nos desplazamos a otra cala tan espectacular como la primera. Esta no tiene pueblo pero sí chiringuito donde cae la cerveza del día y el ya famoso baño de Sergio con su correspondiente foto.




Nos toca travesía nocturna. Así que salimos a las 9,30 pm. después de ver el partido del Barcelona. Tras doce horas entre vela y motor, llegamos a Hidra de camino a Porto Geli. Parada que no merece la pena comentar. Milos y Serifos nos han encantado. Han sido unos días increíbles entre calas solitarias y pueblos blancos sobre un mar de un azul intenso que se funde con el azul del cielo.

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